Novela, Reseñas

“La última vez”, el poder de la palabra

Libro en una playa./Pixabay

Últimas veces, últimos intentos y la única garantía del final a la vuelta de la esquina. Una única vez más. “Y ahora ya no hay próxima vez. Esta novela que acabo de darle fue mi última oportunidad”.

Guillermo Martínez (Bahía Blanca, Argentina, 1962) nos habla en La última vez (2022) de la travesía lectora en la que se ve envuelto un crítico literario al aceptar el encargo de un afamado escritor: le propone leer su próximo libro con el fin de encontrar el patrón que une todas sus historias. A lo largo de su carrera, A, el escritor, ha introducido la misma clave de escritura en cada una de sus obras. Sin embargo, ese modelo nunca es advertido por la audiencia, lo que lleva a A a sentir su inmensa fama como desmerecida. Movido por el deseo de que alguien perciba su estrategia creativa, decide intentarlo una última vez, ya bastante enfermo, al avisar al que fue un aclamado crítico literario. Entra entonces en escena el protagonista, Merton, reconocido por su intelecto y sinceridad y, a ojos de A, perfecto para la tarea. El encargo lleva al joven a viajar de Buenos Aires a Barcelona, donde se instalará unos días en el domicilio personal del autor, su esposa y su hija. Allí leerá el manuscrito de la ya última novela de A y, por tanto, último intento para descodificar la clave que encripta su obra. Martínez construye así el escenario idóneo para que el misterio, la ambigüedad y la literatura se den cita.

Consagrado como un profesional de las letras, Guillermo Martínez cuenta con una importante producción, dentro tanto del género de la novela como del ensayo. Gracias a ella recibió el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez Una felicidad repulsiva (2013) y el Premio Nadal 2019 Los crímenes de Alicia (2019), que lo catapultó en posición y prestigio. Es prueba de esto, a su vez, la adaptación de algunos de sus libros al cine: Crímenes imperceptibles (2003), bajo el nombre de Los crímenes de Oxford (Álex de la Iglesia, 2008), y La muerte lenta de Luciana B. (2007), en La ira de Dios (Sebastián Schindel, 2022). Algunos de sus escritos ensayísticos son Borges y la matemática (2003) o La fórmula de la inmortalidad (2005). Cabe decir que Martínez se doctoró en Ciencias Matemáticas por la Universidad de Buenos Aires, lo que apunta a un perfil muy variado y completo. 

“Tal vez usted se haya enfrentado alguna vez a esos cuadros de colores y formas abigarradas que cuando se dejan de mirar fijamente, al dar un paso atrás y entornar un poco los ojos, revelan como en otra dimensión una segunda imagen completamente distinta”. Partiendo de esta premisa, Merton aborda la novela como una narración cuya profundidad trasciende la primera lectura. Guiado por los recovecos de la creación literaria, el crítico se encuentra con un argumento que, a primera vista, parece autobiográfico. Convivir durante unos días con la familia de A y percatarse de la rutina de su hogar le permite darse cuenta de ello, puesto que va conociendo su entorno y trasladando esta perspectiva a la sinceridad del relato. Sin embargo, la clave de sus escritos dista de ser un simple elemento biográfico. 

Es curioso, en este punto, cómo la vida de un escritor puede condicionar la interpretación de la obra. Si bien es cierto que uno no puede despojarse de su ser mientras escribe, no es menos cierto que esta no es la única vía que comprende el entendimiento de una historia. Esta cuestión es a la que destina la trama de Guillermo Martínez: ¿es realmente tan importante la visión del autor o la verdadera calidad del texto reside en que cada lectura, basada en la experiencia individual, es tan válida como la primera? “La lectura, fatalmente, ‘es’ un malentendido: cada quien encuentra lo que quiere en un libro”. La intriga, por tanto, a la que nos conduce Martínez no conlleva una única resolución que nos dirige hacia un “asesino” concreto, tal como ocurriría en una novela al estilo de Agatha Christie. No, las preguntas solo pueden responderse desde el multiperspectivismo y cada uno de estos ángulos desvela una imagen diferente que “encuentra en la nueva figura que emerge su sentido preciso”.

No obstante, es cierto que A sí elabora un esquema fijo que traslada a sus narraciones y solo se puede llegar a él a través de la metaficción. Uno de los detalles que sobresale de la obra es precisamente el empleo de la literatura como propio modelo de creación literaria. Guillermo Martínez utiliza la intertextualidad de otros relatos para construir el suyo. Es un disfrute acercarse al conocimiento del ensayista y darse cuenta de que su libro bien podría servir de recopilatorio y recomendación de más autores. La última vez es una fuente inagotable de literatura, la desprende por todos sus poros. 

El protagonista, al igual que el lector, debe estar atento, no perderse en la velocidad del texto y, especialmente, no perderse en las distracciones de la casa. Envuelto en una inesperada tensión sexual que parece envolver el desarrollo tanto dentro como fuera de la ficción, Merton encuentra algunas trabas que sugieren nuevas interpretaciones al tiempo que confunden sus conclusiones. Nuevamente aquí es necesario destacar el carácter policiaco de la pluma de Martínez, que utiliza las claves de la novela negra suspense, secretismo, intriga en un argumento metaliterario. Simultáneamente, vertebra la trama romántica en torno a la intensidad y la rapidez, dejándola finalmente en un segundo plano que permite la comprensión del resto de la historia. 

Otro de los puntos de la construcción del relato es la asunción de un “basado en hechos reales” ficticio. Esta fórmula le permite al autor unir introducción y desenlace de una manera armónica y, al mismo tiempo, saltarse ciertos datos como los “nombres reales” de los personajes que dejan nuevamente un halo de misterio en la narración. Sin embargo, que no sea una realidad verídica al cien por cien no impide que puedan reconocerse referencias personales y literarias. Como decíamos, La última vez es un libro que se debe a los libros. 

Y supongo que esta es una de las maravillas de la lectura; el mundo literario engloba una esfera inagotable de contenido que, a su vez, es absoluta e incorregiblemente cambiante. Toda interpretación vale. Como dijo alguien, nunca se lee dos veces el mismo libro. Las obras renacen y se reescriben con cada nueva lectura y quiero pensar que ninguna es menos válida, simplemente irrepetible y única en sus propios términos. Además, compartir visiones retroalimenta el sentido de la historia. Cuantos más lectores, más mundos dentro de las mismas páginas. ¿No es fascinante? Qué increíble el poder de la palabra.

Título
La última vez

Autor
Guillermo Martínez

Editorial
Destino

Publicación
2022

Esta reseña apareció publicada en este enlace de la web www.madridactual.es el 28 de agosto de 2022.